El Acuerdo de 1920 en el Líbano sigue configurando un Estado frágil
Por Farouk Khaddaj | 23 de junio de 2026
Beirut es una ciudad donde la historia nunca se desvanece por completo. Permanece presente en sus instituciones, sus crisis y en las cuestiones sin resolver que siguen configurando el Estado libanés actual. En este sentido, los desafíos contemporáneos del Líbano no son solo producto de recientes fracasos políticos, sino también de estructuras históricas más profundas cuyos efectos aún se manifiestan.

Más de un siglo después de la proclamación del Gran Líbano en 1920, el estudio del Dr. Lwiis Saliba, «¿El Gran Líbano o un error histórico?», ahora en su décima edición, retoma una de las preguntas más recurrentes de la historia moderna del Líbano: si la formación original del Estado estableció una entidad política viable o un marco que albergaba tensiones estructurales a largo plazo.
El libro no ofrece un juicio definitivo. En cambio, examina las condiciones históricas bajo las cuales surgió el Estado libanés moderno y las visiones contrapuestas que acompañaron su formación.
Un Estado formado en una transición regional
Saliba sitúa la creación del Gran Líbano dentro de la transformación más amplia del Medio Oriente post-otomano. El colapso del Imperio Otomano y el establecimiento de mandatos europeos condujeron a una amplia reconfiguración de las fronteras políticas en toda la región, incluyendo la formación del Líbano bajo administración francesa.
La expansión del Monte Líbano hacia una entidad territorial más grande reunió ciudades costeras, regiones agrícolas del interior y distritos montañosos bajo un único marco administrativo. Si bien esto creó una estructura estatal funcional, también planteó interrogantes a largo plazo sobre la cohesión y la integración política.
Según el historiador Abdel Rahouf Sinno, los líderes locales desempeñaron un papel activo en la configuración de este proceso. Figuras religiosas y políticas maronitas, incluido el Patriarca Elías Hoyek, apoyaron la creación de una entidad libanesa más grande bajo protección francesa, considerándola un medio para garantizar la estabilidad durante un período de incertidumbre regional.
Diversidad de posturas dentro de la comunidad cristiana
La obra de Saliba pone de relieve la diversidad interna de las comunidades cristianas del Líbano en el momento de la formación del Estado. Las posturas políticas se vieron influenciadas por distintas interpretaciones de la geografía, la economía y la pertenencia regional.
Figuras de la Iglesia Ortodoxa Griega, junto con intelectuales como Suleiman Bustani, expresaron reservas sobre la nueva estructura política. Sus preocupaciones se centraban principalmente en las consecuencias de separar los centros urbanos costeros de su entorno económico y cultural natural en Siria.
Estas posturas reflejaban debates más amplios sobre la sostenibilidad de una entidad política cuyos límites se habían redefinido significativamente tras el colapso del Imperio Otomano.
El libro también hace referencia a figuras como Naguib Sursock, cuyas reflexiones críticas sobre el Estado primitivo han sido ampliamente citadas en debates sobre la fundación del Líbano y sus tensiones estructurales.
Tensiones estructurales en el marco fundacional
Un argumento central en el estudio de Saliba se refiere a la tensión estructural inherente a la creación del Gran Líbano. La expansión territorial fortaleció la base económica del Estado, pero también alteró los equilibrios demográficos que previamente habían configurado la gobernanza en el Monte Líbano.
Este desarrollo contribuyó al surgimiento de un sistema político basado en la distribución sectaria del poder, diseñado para gestionar la diversidad dentro de un único marco institucional. Si bien este arreglo permitió cierto grado de estabilidad, también introdujo limitaciones en términos de desarrollo institucional y capacidad estatal.

Con el tiempo, la interacción entre el cambio demográfico y la representación política se convirtió en una fuente constante de tensión en la vida pública libanesa.
Contexto regional y opciones limitadas
El libro sitúa estos desarrollos dentro de las limitaciones del entorno regional más amplio. El acuerdo posterior a la Primera Guerra Mundial, en particular el marco Sykes-Picot y el establecimiento de los mandatos francés y británico, limitó significativamente el abanico de opciones políticas disponibles para los actores locales.
Las propuestas alternativas, incluidas las visiones de un marco político sirio más amplio, se vieron limitadas por los acontecimientos militares y diplomáticos, sobre todo por la caída del gobierno de Faisal en Damasco tras la batalla de Maysalun en 1920.
Al mismo tiempo, Saliba señala que los movimientos nacionalistas regionales eran diversos y estaban en constante evolución, reflejando una variedad de corrientes políticas y sociales en todo el Levante.
Un proceso continuo de formación del Estado
En sus secciones posteriores, el libro describe al Gran Líbano como una entidad política cuya formación ha permanecido incompleta en varios aspectos. En lugar de estabilizarse en un Estado plenamente consolidado, el Líbano ha experimentado sucesivos ciclos de ajuste y crisis.
El marco posterior a Taif, establecido en 1989, representó un intento significativo de reajustar la representación política.
Tras la guerra civil, las cuestiones relativas a la cohesión institucional dentro de un sistema basado en sectas siguen marcando el debate entre académicos y responsables políticos.
Leer la historia como contexto, no como veredicto
El general de brigada Ali Abi Nacef destaca el enfoque metodológico de Saliba, en particular su dependencia de fuentes de archivo y documentación histórica. Esto permite que el libro presente múltiples perspectivas sin reducirlas a un único marco interpretativo.
El resultado es un análisis que busca comprender las condiciones de la formación del Estado, en lugar de emitir un juicio definitivo sobre su desenlace.
Conclusión: Entre la historia y la realidad institucional
Un siglo después de su fundación, el Líbano sigue reflejando la complejidad de sus orígenes. Sigue siendo un Estado moldeado por compromisos históricos y transformaciones regionales, a la vez que lidia con cuestiones de gobernanza, identidad y capacidad institucional.
El estudio de Saliba no pretende determinar si la creación del Gran Líbano fue un éxito o un fracaso. En cambio, fomenta un examen más profundo de cómo los acuerdos históricos siguen influyendo en las realidades actuales.
El Líbano de hoy existe dentro de un largo continuo histórico. Su futuro dependerá menos de retomar debates fundamentales y más de la capacidad de sus instituciones para adaptarse a las cambiantes condiciones regionales y nacionales.
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دار بيبليون